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Clara

Soy psicólogo y como es lógico, dentro de la ética de mi profesión, estoy acostumbrado a guardar silencio ante las confesiones de mis pacientes. Sólo al cabo de un tiempo, cuando es hora de una devolución, emito mi parecer, pero sólo para poder encaminar la terapia por los carriles más adecuados. Sin embargo y pese a que siempre he creído que a mis treinta y cinco años no había nada que pudiese causarme asombro, las confidencias de una joven mujer a la que llamaré Clara me perturbaron sobremanera.

No me he atrevido a descargar con mi propio terapeuta aún, por lo que aprovecho esta amable página para analizar con vosotros los hechos. Es decir, narrar la situación y a la vez exponer mis razonamientos y mi propio análisis, para poder llevar el caso más claro a mi terapia.

Clara es una mujer de casi mi edad con un hijo único de dieciséis años. Divorciada, ejecutiva de una empresa de marketing en Buenos Aires, ni bonita ni fea, que me fue derivada el pasado año por una colega que se tomó un año sabático para hacer un viaje. Desde el comienzo de nuestra relación terapéutica tuvimos feeling, ya que nunca sintió esa especie de cohibición que acostumbra darse entre analista y paciente y debido a su educación más esmerada de lo común creo no haber percibido jamás esa transferencia normal. Yo soy su terapeuta y listo; ella llega, se sienta frente a mi –no hago psicoanálisis, no tengo diván- y comienza siempre a exponer sin que tenga yo que estimular de algún modo su descarga.

Hace cuatro días tan sólo me confesó que mantenía relaciones íntimas con su hijo. Yo, impasible, escuchando los detalles que salían de un modo natural de sus labios, sin prisa, sin calificaciones y sin regodeo. Describía simplemente, abría su secreto por necesidad de compartirlo. Y seguramente, tampococo esperaba ni mis juicios ni mi valoración. Por otra parte, creo que resulta prematuro ya que en una única sesión semanal es demasiado material para catalogar de un plumazo. Pero me ha perturbado, eso sí. Sentada frente a mí con el escritorio en medio y mirándome directamente a los ojos, sin preámbulos de ninguna especie, comenzó:

-Lo que voy a decirte ahora, Pablo –éste es mi nombre, Pablo Etchegaray, por si necesitáis un terapeuta- comenzó hace casi un año y aunque eres mi confidente desde hace un tiempo recién hoy estoy preparada para confiártelo.

-Entiendo- dije como animándola- ¿quieres que ponga música?

Aclaro que muchas veces enciendo un aparato de música con discos de relajación para estimular el fluir de la confesión. No se trata de otra cosa que de una técnica ampliamente usada para este fin.

-No, está bien. Me siento muy cómoda así y quiero contar los hechos ordenadamente para que trabajemos en ellos durante las próximas sesiones- respondió, con su mirada directa y franca sobre la mía- Eso sí –agregó- aunque sé de sobra que no es tu costumbre te pido me dejes fumar porque mis ideas se acomodan mejor cuando me distiende el cigarrillo.

-No hay problema- sonreí, levantándome a buscar un cenicero que tengo como un adorno en la biblioteca a pocos metros.

- Cuando Alex cumplió quince años me di cuenta que había crecido bastante y sin referentes masculinos. Su relación con mi ex es bastante cerrada, no porque el chico no quiera a su padre, sino porque él no le da demasiada importancia. El hecho de haberse casado nuevamente y tener dos niñas pequeñas de su actual matrimonio parece haberse encargado de desenfocar su atención del hijo mayor varón. Y como te dije en otra oportunidad, el padre de Alex es un hombre que sólo cuida de sí mismo y puede que hasta tenga un sentimiento de competencia con el chico.

-Entiendo- dije distraídamente, que suele ser lo adecuado para que el discurso fluya directo.

-Me doy cuenta perfectamente que entre los adolescentes el tema sexo se trata de continuo, pero claro, de acuerdo a su edad y preparación. Siempre quise que mi único hijo fuese un chico normal y sano, por lo que jamás dejé de conversar con él abiertamente de todo, inclusive de sexo teniendo en cuenta que Javier, su padre, nunca ha sido muy compañero suyo que digamos. Cuando comenzó a ensuciar sus boxers y a dejar las sábanas de su cama duras como cartón me di cuenta que era el momento adecuado para tener una charla mucho más directa, de modo que un día a la hora del desayuno le hablé de la masturbación. Ese día, cuando lo fui a despertar para desayunar juntos y llevarlo al secundario, su cuarto, la cama y la almohada eran un muestrario prolijo y vívido de unas cuantas poluciones nocturnas. No quieras saber el olor a semen que había en la habitación del chico...Y cuando le di un beso antes de que se metiera corriendo en su baño, me di cuenta que tenía esperma hasta en la cara, lo que me indicó a las claras que había probado su sabor. Supongo debe ser una curiosidad natural. Recuerdo que yo a su edad me fregaba el clítoris cuando me encontraba un tanto tensa y luego me chupaba los dedos, extasiada conmigo misma y mis fluidos.

-Seguramente- pontifiqué- esto forma parte del autoconocimiento experimental.

-Bien- continuó- apenas se sentó delante de su taza le dije con total naturalidad: "tenemos que ver la forma de no ensuciar tanto tu cama, porque a mí me da un poco de calor que Rosita –nuestra limpiadora paraguaya, me explicó- tenga que aspirar y tocar tus ríos de leche". Como era de esperarse, se sorprendió con el hecho que le hablase de la misma forma en que hablan los chicos. "pero mami, no puedo evitarlo"- me dijo- "siento un cosquilleo permanente y la única manera de calmarlo es dejarme ir el pis". "Es que no se trata de pis, Alex- retruqué- es esperma, leche, es el jugo que sale de tus testículos porque están muy llenitos. Tal vez estés hasta soñando con una situación muy placentera y esto trabaja solo durante la noche produciendo la descarga. Me parece que la única forma de tomar el control es que aprendas a masturbarte, a hacerte la paja, como dicen ustedes en el cole. No me digas que no sabes lo que es...

"Claro, mami, sé lo que es hacerse una paja, pero el asunto es que ni necesito hacérmela porque se me sale sola"-me dice sin ningún asomo de vergüenza. "Bien, de acuerdo, pero hasta ahora es el único método que yo conozca para disciplinar tus emisiones y no convertir en un chiquero tu cuarto"-respondí seria- "ya te dije que no considero que Rosita sea víctima tuya teniendo que manejar la situación por tus descuidos. A lo mejor no te gusta meneártela solo y necesitas otra mano amiga que lo haga enseñándote a dosificar el placer y aplicar los controles para retardarlo. No olvides que algún día tendrás que tener relaciones sexuales con una mujer y lo lógico sería que aprendieras desde ahora a dominar tu venida para ser un tipo competente en la cama. Eso es lo que nos gusta a las mujeres, Alex. No un tipo que pum, pam, fuera.Bueno, esta noche seguimos charlando, porque ya se nos hace tarde a los dos".

Supongo que fue al dejarlo en la puerta del cole, al verlo dirigirse al grupito de chicos y chicas que le esperaban en el vestíbulo, que pensé: "nadie mejor que yo para formarlo. Después de todo, lo he criado casi sola, sin apoyo más que el económico. No me gustaría saberlo iniciado con una piruja desconocida, vaya uno a saber los modos con los que trataría a mi chico, menos que menos que se me hiciera gay por curiosidad. No, decididamente debo ser yo quien tome el toro por los cuernos. Al fin y al cabo he hecho de madre y padre desde que nació prácticamente."

El timer que acostumbra a advertirme que la sesión está al terminar, por lo cual debo pedir un redondeo sonó sordamente quitándome del clima que había creado Clara con su confesión. Miré con atención la agenda abierta encima de mi escritorio con la secreta y vana esperanza que no hubiese pacientes después de ella, para poder proseguir oyendo las revelaciones de esta madre abnegada. Pero no, no había caso, todavía tres nombres seguían escritos uno detrás de otro como las cuentas de un collar.

Clara- repuse rehaciéndome de calma- se nos ha terminado el tiempo, y me parece que necesitamos unas sesiones extras para poder efectuar un análisis cuidadoso del caso. ¿Te parece que podrías tomar dos turnos seguidos...digamos...mañana de seis a ocho, por ejemplo?

-Estupendo, Pablo.- concordó con entusiasmo- Inclusive yo estaba por proponértelo, ya que necesito con verdadera urgencia poder manejar esto desde una visión excéntrica. Me parece que todavía no consigo salir del medio con total desapego.

-Sin duda- carraspée- hay que analizar esto con frialdad para poder saber dónde estás situada. Nos vemos mañana, entonces.

Me levanté de mi sitio acostumbrado de espaldas a la ventana porque me permite que la luz exterior dé en pleno sobre el rostro del paciente con inusitada torpeza. Mientras rodeaba el escritorio en unos pocos pasos constaté con horror que mi entrepierna estaba hinchada y adolorida. Apenas la hube despedido en la puerta del consultorio, pedí a mi secretaria que demorara unos minutos al próximo paciente para acomodar unos papeles. Era una reverenda mentira: quería entrar a mi minúsculo baño contiguo al consultorio para pasar agua fría en mi rostro y por sobre todo, lavarme someramente el calzoncillo porque la humedad del esperma emitido casi sin notarlo me estaba mojando el pantalón...

Al día siguiente tenía un hueco entre las cuatro y las seis, hora fijada para la doble sesión con Clara. Como alquilo un departamento para vivienda en el mismo edificio donde tengo mi consultorio, aproveché para despedir a la secretaria ya que no había anotado a propósito la cita.

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Cuando se hubo retirado contenta porque podría hacer una compras en el centro antes de regresar a Floresta, subí corriendo los dos pisos que me separaban de mi domicilio a ponerme una ropa cómoda buscando en el placard algo que no me quitara mi aspecto serio y profesional, pero al tiempo pudiese ser más informal y permitiera, si ese fuera el caso, disimular un posible accidente como el de ayer. Dudé entre un pantalón pinzado de color gris muy claro – una humedad pasaría totalmente desapercibida- y otro bastante amplio de color oliva. Una guayabera un tanto larga que me había comprado en unas vacaciones en Cuba, de color blanco, iba muy bien con ambas opciones, ya que su tamaño y sobre todo su soltura eran ideales para permitirme pasar desapercibido si me ocurriese una indeseable erección. La imagen ante todo, aunque uno no fuese de madera...

A las seis menos cuarto el timbre del consultorio sonó y la puerta abierta por mí mismo dio paso a una Clara radiante que iba a seguir regalándome los detalles de su ritual iniciático maternal.

-Bien- dije en un tono muy cálido perfectamente estudiado para que pareciese casual y absolutamente natural- vamos a proseguir con tu exposición.

-¿El cenicero está cerca?- preguntó sentándose en su lugar de costumbre.

-Oh, me había pasado por alto el detalle- sonreí, molesto por la dilatación del preámbulo y yendo a buscarlo al bañito porque como se habrán dado cuenta, no soy fumador y detesto el olor de los ceniceros sucios en mi gabinete de trabajo- Ten, acá está, reluciente de nuevo.

Me senté en mi sitio y la animé con una sonrisa comprensiva. Ella, lanzando una bocanada de humo en dirección a la lámpara encima de nuestras cabezas, retomó el hilo sin más dilación.

-"Al terminar de cenar esa noche y después de cerciorarme que Rosita ya se había retirado a su departamentito detrás del lavadero, propuse a Alex comenzar a enseñarle algunos trucos que mejorarían su performance en el futuro. Creo que no te mencioné que a esas alturas, con sólo quince años, el chico ya tenía casi la altura de su padre, un metro ochenta, y calzaba zapatillas número cuarenta y dos. Yo siempre le estimulaba a practicar básquetbol ya que me parecía un desperdicio su pasión por el fútbol con ese lomo ideal para hacerlo. Tal vez estaba un poco cansado, porque me dio una excusa un poco fútil, pero yo no estaba dispuesta a esperar demasiado mi práctica docente, por lo que amparándome en mi autoridad de madre le dije con mucha seriedad:-"Nada de fiaca, Alex. Hay que comenzar a prepararse para la vida. Tú ves todos los días que salgo a trabajar como una bestia aunque muchos de ellos no tenga ganas. A ti te debe pasar lo mismo con el cole, no me es difícil suponer que haya veces que no estés ni ahí para ir, y sin embargo sabes que debes hacerlo. Esto es igual, debe hacerse, y seguramente la práctica de las cosas sea nuestro mejor estímulo cuando vemos los resultados. Ven, vamos a mi cuarto que estaremos mucho más cómodos."

"Como suelo ser una mamá exigente y sabe que a mí no se me discute, me siguió bufando pero sin chistar hasta mi cuarto y no opuso reparos cuando pasé llave, ya que siempre que debemos conversar algo serio suelo hacerlo para que la chica de servicio no escuche las reprimendas. –Sácate la ropa que vamos a darnos un baño- ordené. Sin decir una palabra, fue despojándose de su camiseta de algodón, del pantalón deportivo y de sus zapatillas de lona. –No, así no, dobla esa ropa – más que pedí, ordené- sabes que no me gusta el desorden, aunque vaya a ir directo a la máquina de lavar.El slip también, dale.

No pude resistir sacárselo de las manos cuando iba a doblarlo descuidadamente – Así no, se dobla así...Pero mira qué chanchada es esto, ¿no te decía yo? Mira el olor que tiene (se lo restregué en su nariz) y qué duro está como si hubiese sido almidonado, agregué, qué espanto este chico! Ven, vamos a darte un baño para sacarte toda esa millonada de células muertas que se creen que tu vello es una especie de cementerio privado.

Lo arrastré sin mucha resistencia a la bañera, mediada casi con agua tibia y fragancia de sales. No dejé de ver que en ese corto trayecto su pene, bastante grande por cierto, se mecía de un lado a otro con un aire de inocencia aunque tal vez por el cariz de la situación se estaba comenzando a llenar desde la base apareciendo como un ariete respetable aún en una tercera parte de erección. Me quité la bata para entrar con él y tomé una esponja suave que estaba apoyada al borde. Un chorro de gel bastó para producir una rica espuma que comencé a distribuir por su espalda y pecho sin aceptar una sola palabra de protesta.

-¿Ves? Una cuidadosa higiene impide que el cuerpo se ataque de acné- expliqué- y al mismo tiempo, permite que la piel respire, se oxigene. Metí la esponja bajo el agua y comencé a enjabonarle los testículos y el ano, ya casi recubierto de una suave pelusa oscura.-Retiremos bien toda esa materia acumulada que huele tan feo- le dije mirando a sus ojos- Así. Solté la esponja y comencé a bajarle la piel, para lavar concienzudamente el glande que sobresalía del nivel del agua espumosa. Mi mano subía y bajaba la piel, cubriendo y descubriendo la cabezota que ya casi había adquirido un tono rosado fuerte y brillante, mientras el tronco llenaba mi conciencia con unos buenos dieciocho centímetros de longitud y un considerable grosor, muy parecido al de la verga de su padre.- Mira atentamente, Alex- le dije mientras lo frotaba- es así que se hace para limpiar correctamente esta parte tan importante del cuerpo.

-Pero mami- me dijo suspirando- mientras me estás limpiando siento la sensación de querer venirme, tanto me gusta tu higiene...

-No te preocupes por eso, si es perfectamente natural. Es la consecuencia. Aprieta bien la cola, vamos, no debes venirte tan rápido- y apreté un testículo para distraerlo, lo que le hizo soltar un gritito.

-¡Ay, me duele!- casi lloriqueó aunque no dejé de ejercer presión para evitar su derrame.

-Ahora vamos a hacer otro intento- dije cuando estuve segura que no iba a correrse ya que la distracción estaba funcionando porque su verga había disminuido un poco su tamaño- ponte de pie. Voy a mostrarte la manera de satisfacer a una chica, y sé que va a gustarte mucho. Por otro lado, es importante que sepas que el esperma es un alimento exquisito que retarda el envejecimiento si se dosifica su consumo. (Con la tranca ante mi cara y él asido a dos manos en el toallero empotrado, me vi obligada a optar ya que de nuevo había comenzado a crecer ignominiosamente frente a mi boca. O la dejaba o la tragaba, y naturalmente hice esto último, engulléndola hasta tener su cabeza en las amígdalas y mis labios en su suave y mullido vello púbico)

-¿Te mfgutta?- conseguí vocalizar con aquel pedazo sublime hundido en mi laringe.

-No te entiendo, mami- respondió Alex, que miraba con los ojos desorbitados cómo yo me tragaba su pija pero sin atreverse a sacarla de lo cómoda y bien tratada que estaba-¿qué dices?

-Si te gusta- dije soltándola hacia fuera por un escaso espacio entre mis mejillas para volver a tragármela con prontitud.

-Mucho, mami. Es un ejercicio higiénico sensacional- me dice sin dejar ahora de proyectar su pelvis adelante para que me llegara su cabeza bien al fondo. (Yo no supe si reir al oir su razonamiento. Mucho no podía hacerlo, porque estaba realmente trancada en la garganta. Con los ojos le di mi aprobación)

-Salgamos del agua- sugerí apenas pude deslizarla hacia fuera aprovechando un movimiento suyo hacia atrás...seguramente el cabroncito quería ponérmela mucho más profundamente.

Lo tiré sobre la alfombra y me le senté a horcajadas sobre su cara.

-Vamos a hacer ahora el ejercicio doble de higiene- expliqué- mientras yo te lavo bien a ti tu me lavas a mí la conchita.

Ni lerdo ni perezoso hundió su lengua en mi vagina mientras yo devolvía el favor en su miembro, que desafiaba la gravedad empinándose furioso. Ni hube de terminar de tragármelo todo cuando sentía maravillada el exquisito vaivén de su lengua en redondo explorando las paredes húmedas y calientes de mi raja. Su lengua había adquirido automáticamente una maestría excepcional, porque salía y entraba, tocaba la puerta del ano y volvía, mojándome toda en un delirio descomunal. Al mismo tiempo, mi cabeza hacía lo propio con su aparato, imprimiéndole un ritmo rápido de sube y baja que cubría y descubría alternativamente su bálano ajustado entre mis labios. Me tomó por sorpresa sentir una de sus manos refregándome los senos y pellizcándome el pezón que estaba durito y erecto como si se tratase de una pijita auxiliar en un lugar inapropiado. Pero mucho más me descolocó cuando al mismo tiempo que su lengua estaba ocupada con mi clítoris un dedo mayor casi experto se introdujo en mi culo en busca de su terminal...Sentir el frotamiento de ese dedo hurgando mi ano, otros dos de la mano contraria restregándome un pezón, su lengua tragándose mi múltiple orgasmo con deleite fue demasiado...sólo atiné a acelerar el masaje de su pija para que me llenara de una vez por todas mi boca con su leche. No puedo valorar en este momento exacto la cantidad de su emisión, pero ten la seguridad que era enorme y puedo enorgullecerme de no carecer de experiencia. El chico estaba aprendiendo muy rápidamente.

-Sin duda- interumpí el relato sintiendo que todas mis previsiones habían sido inútiles: mi pantalón mostraba una aureola de humedad justo allí donde mi glande, descapotado y tumefacto había descargado en el boxer- ¿y cómo se sienten después de esa lección?

-Ah, pero muy bien- respondió tranquilamente- ya te dije que desde hace casi un año Alex ha madurado bastante...Su cama es ahora un modelo de pulcritud. En cambio la mía ni te imaginas...Parece cada mañana un campo de batalla. La muchacha paraguaya renunció a trabajar en mi departamento insultándome hasta en guaraní por el desorden inusitado de mi cuarto. Pero yo estoy muy feliz porque Alex cuida mucho su higiene corporal, y de paso la mía. Hemos encontrado mil ocasiones de perfeccionar nuestra relación, tanto que ya no salgo con ningún amigo adulto y él no tiene ganas ni de salir a bailar con su grupito de chicos. Regresa siempre temprano para revisar mi bombachita por si en un descuido encuentra algún jugo sospechoso y entonces moja una toalla y me castiga por mi falta de higiene."

Me he quedado muy pensativo con las confesiones de mi paciente. Tengo que hacer rápidamente un análisis profundo y manejar con cuidado esta transferencia que estoy sintiendo. Hasta estoy manejando la posibilidad de derivar a Clara a otro profesional para que pueda cerrar su terapia en forma imparcial.

-Clara- le comenté como distraído- ¿nunca te mencioné que tengo un antiguo trauma con mi higiene personal? Tal vez entre Alex y tú puedan darme algunas soluciones al respecto...

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