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Enseñanza maternal

Mi padre nos abandonó a mi madre y a mí, cuando yo tenía ya 12 años, diciendo que no aguantaba mas las exigencias de mi mamá, ya que ella era una mujer muy sensual que desde que se casaron le exigía una actividad sexual desmesurada y fuera de lo comúnmente habitual.

La verdad es que mamá fue pillada por papá usando unos dildos masturbadores ultra refinados y gigantescos, a pesar de que él había tenido relaciones con ella al menos 5 veces semanales en las últimas semanas.

Y para colmo supo que ella estaba entrando a casa unos amigos de su juventud cuando él y yo no estábamos en casa, por lo cual le enrostró su conducta tan libertina y acusándola de ser una promiscua y fanática sexual insaciable, se fue de la casa indignado y para siempre.

Tengo que reconocer que papá tenia bastante razón pero no se que culpa podía tener yo en ese problema, ya que nos abandonó a ambos sin preocuparse mas de mí, su hijo pequeño.

Mamá podía ser cualquier cosa, pero me quería mucho y me cuidaba con gran cariño y esmero, por lo que el abandonarnos mi papá, hizo que viniera a dormir con ella siempre que estuviera sola, ya que siguió con su hábito de convidar a una serie de "tíos" como ella decía y yo conocí a muchos.

Para conquistarlos ella sabía muy bien que se debía vestir de manera muy sexy y sabía por la buena experiencia de su madre, mi abuela ya fallecida, que una manera importante de atraer a los varones era usar unos tacones muy altos todo el tiempo, por lo que jamás se bajaba de unos altísimos de 13 cm. en el trajín de la casa y aún más altos en las fiestas con sus amigos, ya que sus estudios de ballet le permitían hacerlo muy bien.

Con la ausencia de papá yo me puse muy regalón y siempre buscaba como acostarme en su cama junto a ella y hacerle muchos cariños y darle muchos besos, todos lo que ella recibía con mucho placer y me los devolvía con una gran felicidad.

Yo pronto comencé a crecer mas y a cambiar la voz y comencé a soñar con las mujeres que veía en las revistas y diarios, teniendo erecciones muy fuertes cuando me sucedía, lo que era muy a menudo y amanecía mojado en la cama.

Como muy a menudo seguía durmiendo con ella, se dio cuenta de mis sueños y se dio cuenta de que me derramaba en la cama cuando soñaba, por lo que trató de terminar con eso de dormir juntos, pero mi porfía era muy grande y a mi me fascinaba su aroma corporal, el sentir su tibieza y el que me hiciera cariño, por lo que todavía a veces se permitía ese lujo conociendo muy bien los deseos de su tan querido hijo.

Sucedió así que una noche de calurosa del verano, ambos estábamos en trance de dormirnos juntos, cuando a mi se me ocurrió acurrucarme junto a ella y poner mi cara junto a sus tibios senos que su descotada camisa dejaban casi al descubierto, y en un curioso arranque sin duda instintivo me adherí a uno de sus pezones y comencé chuparlo extasiado.

Semi dormida ella se despertó sobresaltada y trató de retirarse, pero mi porfiado instinto fue mas fuerte y me adherí al pezón mamando con fruición, ella, avasallada por su deseo se entregó en cuerpo y alma a la delicia que yo le estaba proporcionando, al mismo tiempo que trató de sentir si yo tenía una erección.

Entre sobresaltada y hechizada, pudo sentir que su hijo adorado ya era todo un varón pues presentaba una gran erección y durísima, la que se acentuó al máximo al sentir su tocación exploratoria, eso me llevó a la culminación de mi deseo, de tal modo que una verdadera erupción de semen le empapó la la sábana y su mano entera.

Pude sentir claramente como un profundo suspiro salía de su pecho, al mismo tiempo que un violento temblor convulsionaba todo su cuerpo y perdida toda inhibición se precipitó bajo las sábanas pera no perder de beber ese precioso néctar que brotaba de la entrañas de su amadísimo hijo ya convertido en un hombre de verdad.

Lamió y lamió por largo rato, hasta que sintió que nada mas podía ser recobrado de la sábana y continuando con su fantasía empezó a mamar mi pija hasta obtener de ella la última gota, asiendo mi cuerpo con sus convulsionadas manos, y abriendo su boca al máximo engulló enteras mi pija y mis bolas, mamando todo con gran fruición.

Yo estaba extasiado y sentía que por mi cuerpo subía y bajaba esa sensación mas que deliciosa que me proporcionaba mi amadísima madre que se comía mi sexo entero y como fruto de la potencia de mi juventud,

un nuevo chorro de mi semen invadió su boca, lo que ella tragó con fruición y ansias, mientras sin llegar a tocarse su sexo, se le desataba un climax mas que sensacional.

Completamente enloquecida por su avasallante deseo sexual, perdió hasta la última de sus inhibiciones y comenzó a tratarme como su amante mas que como un hijo, ya que había comprendido que yo ya tenía la potencia sexual de todo un macho poderoso y eso no se lo perdonaría jamás a si misma, si lo rechazaba.

Entre caricias, besos y tocaciones sexuales, continuamos toda esa noche, en la cual yo le metí mi pija múltiples veces tanto en su boca, como en su vajina y en su ano, acabando totalmente vacío de semen y rendidos de felicidad nos dormimos enlazados estrechamente, sin sacar mi pene de su ano, haciendo chucharitas, y yo con mis manos en su húmedo y abultado clótoris a la entrada su resbalosa vagina.

Al despertar continuamos con nuestro desenfreno sin parar, pero al medio dia ella me dijo que ya era hora de comer, por lo que era conveniente que nos levantáramos, por lo que se puso un body de lycra negro, unas medias iguales, y unos sensuales chapines rojos con un pompon muy sexy con un altísimo taco de 15 cm.

Como yo tenía la ropa en mi dormitorio, me propuso sonriendo picaresca que me pusiera algunas de sus ropas, ya que ambos teníamos una corpulencia muy parecida y según ella eso sería de gran incentivo en su deseo y el mío, yo encontré su sugerencia muy divertida y sin oposición procedí a vestirme con lo que ella me pasaba.

Mi body era de un color rojo brillante muy intenso pero ella le agregó además un sostén con relleno, las medias eran también rojas y brillantes, y los zapatos eran unas reinas de charol negro con un taco precioso igual que el de ella, sobre los que me costó mucho equilibrarme y caminar con ellos por mi falta de práctica, lo que nos causó a ambos mucha risa.

Pero a mi me sucedió algo inesperado, mi sexo volvió con todo su esplendor cuando me hube subido en esos tacos tan altos, lo que a ella le encantó, ya que me dijo que eso me iba a servir el resto de mi vida para tener mejores erecciones, aunque estuviera muy cansado de mucho sexo.

Así ataviados, nos fuimos abrazados al comedor y disfrutamos de unos manjares maravillosos que según ella eran afrodisíacos, los que nos devolvieron toda la fuerza y el deseo, para que después del almuerzo continuáramos disfrutando de nuestra recién descubierta e incestuosa afinidad sexual.

Mi madre me juró que de aquí en adelante, ella no volvería a traer mas "tios"

a casa ya que yo sería para siempre su amante favorito ya que tanta potencia le había demostrado, que yo era sin duda el amante que siempre ella había soñado tener, aunque me confió que lo mejor iba a ser que me enseñara a usar sus dildos favoritos para el deleite de ambos a la vez.

Fue así como ella me acostumbró pronto a recibir en mi ano sus famosos dildos gigantes, con los que ella se ponía con un arreo especial con si fuera un hombre y me los daba por el culo con furia y pasión, todo lo que me hacía que mis erecciones fueran mas intensas que nunca, las que ella disfrutaba a continuación mucho mas fuerte en su insaciable vagina.

Pero su proyecto estrella era otro, en su juventud había practicado el sexo con sus compañeras de estudio y era bisexual, ya que además actuaba como una lesbiana convencida, por lo que deseaba continuar con su gusto por las hembras, pero las circunstancias se lo habían vedado ya que no había tenido la oportunidad después de casada.

Ahora en mi compañía quería volver a disfrutar de ese sexo lesbiano, pero como también disfrutaba mucho con esas tibias y reales penetraciones carnosas cosa que al lesbianismo le esta vedada, quería seguir perfeccionado mi travestismo para que yo simulara lo mejor posible una chica dispuesta al lesbianismo y terminara usando con ella mi vigoroso pene.

Entre los 13 y 15 años, seguí siendo su amante favorito y al mismo tiempo me enseño a caminar con tacones cada vez mas altos y al mismo tiempo me fue entrenado en le arte del maquillaje, las pelucas y los rellenos de silicona en los senos, los glúteos y las caderas, los que cada vez parecían menos postizos y mas reales con la práctica y el uso, de tal modo que al poco tiermpo pasaba felizmente ante cualquiera como una sensual hembra .

Asi terminé por parecer una vez travestido, una chica cada vez mas sexy y mas experta en el arte de seducir y disfrutamos de largos años de dicha y felicidad en nuestros juegos sexuales, hasta que yo llegué a la juventud plena a los 18 años.

Una vez que mamá encontró que yo ya estaba preparado para pasar perfectamente como una chica muy sexy, me sugirió que era el instante en que ambas debíamos buscar a alguien suficientemente rico para que nos mantuviera a ambos y nos satisficiera sexualmente.

Así es que con esa intención publicamos ampliamente por internet, que deseábamos encontrar una pareja de actitudes iguales a las nuestras para poder gozar plenamente de nuestra sexualidad, y de potencia económica suficiente para olvidarnos de esa clase de problemas.

Rechazamos muchas ofertas al respecto, durante las cuales probamos muchas variedades sexuales, pero al fin encontramos en una pareja sueca que tenía unas costumbres casi iguales, con la excepción de que no era una pareja incestuosa.

Con ellos nos hicimos grandes y afectuosos amigos y paseamos largamente por todo el mundo, practicando el sexo mas fuerte y mas loco, hasta que una vez les contamos que éramos madre e hijo, momento en que casi se volvieron locos de curiosidad y se volvieron mas cariñosos y afectuosos, por la fortísima excitación sexual que le provocaba el saber nuestra real situación que envidiaban de todo corazón.

Así pasó mucho tiempo en que disfrutamos los cuatro de una vida increíblemente sexual y gozamos como nunca de todas las variaciones sexuales que podíamos imaginar.

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